lunes, 17 de agosto de 2009

De infidelidades, cuernos, cornadas y de otras estocadas Parte I


INTRODUCCIÓN
En las relaciones humanas tanto homo como heterosexuales existen como nubes negras que se avecinan en una tormenta, algunas que otras agachadas, comunmente conocidas como cornadas que pueden llegar a tocarnos cuando menos lo pensamos, o lo que es peor, cuando más distraídamente nos encontramos. Aunque no siempre nos toque ser la víctima de los embates de los infieles, alguna que otra vez, aunque no todos lo confiesen, también han puesto "adornos" en la cerviz de alguna que otra desprevenida pareja.

Este tema de la infidelidad, que tiene adeptos consuetudinarios y otros temporarios, merece un tratamiento concienzudo y un estudio pormenorizado de sus orígenes, causas y devenires.


Así comenzaremos con la etimología de la tan conocida frase "meter los cuernos".

Viene de la Edad Media. En ese tiempo, el señor de las tierras tenía lo que se llamaba “derecho de pernada”que consistía en pasar la primera noche con la recién casada antes que el marido. Así podía decir que su sangre corría por todo el pueblo, porque el marido nunca sabría si su hijo era suyo de verdad o del señor. De esta forma también podía reclamar a todos sus supuestos hijos para la guerra.

La señal que indicaba que el señor feudal estaba en estos menesteres era unos cuernos de ciervo colgados en la puerta de la habitación. de ahí proviene la expresión en cuestión.

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